Desde mi humilde persona, un estudiante de Historia de 21 años, quiero unirme a los canticos de Aleluya que resuenan en Italia por la caída de ese sátrapa llamado Berlusconi, tras 17 años de marasmo político, social y económico en el que ha dejado convertida a la bellísima Italia.
Desde la política se pueden hacer enormes progresos y avances, pero también se puede hundir a los países en profundas crisis internas. Es el caso de Berlusconi, Menem en Argentina, Bush en EEUU,… ¿Cómo describir esos terribles años en los que Berlusconi y sus acompañantes detentaron el poder? Berlusconi se caracterizó por sus jocosas bromas, inaceptables en un político y en un representante de una nación tan importante como Italia, sus salidas de tono e innumerables meteduras de pata que le han dado a Italia la imagen de un país de risa, donde payasos como este hombre consiguen hacerse con el liderazgo de la Republica. Berlusconi hizo de lo incorrecto y lo estridente algo cotidiano. Lanzó sus burlas contra los jueces de Italia, contra las mujeres, con célebres frases que han quedado para la posterioridad, y a la vez celebraba sus fiestas nocturnas de desenfreno y sexo e impulsaba leyes para neutralizar los juicios iniciados contra él. Este personaje se convirtió en el bufón de Europa, al que los demas líderes acudian para divertirse en sus fiestas y cruceros. Los últimos escándalos de prostitución de menores traspasaron todas las líneas de lo ético y de lo aceptable, algo que un país que dice ser democrático y desarrollado no puede permitirse de ningún modo. Sin embargo, Berlusconi se mantuvo en el cargo contra viento y marea, cosa que en cualquier país distinto hubiese supuesto la caída inmediata y fulminante del primer ministro. Su final ha sido lo más berlusconiano posible: su caída no ha sido por su larga lista de faltas a la cordura, sino porque Italia se colocó en el punto de mira de los mercados y porque un indicador llamado prima de riesgo se disparó a niveles estratosféricos. Las imagenes que nos llegaron del Parlamento, donde Berlusconi parece que se decidio a renunciar con gestos inquietos, parecen mas bien las imagenes de un niño caprichoso que debe aceptar que en Navidades va a tener menos regalos. Su salida en coche del Quirinal no se ha diferenciado mucho de la huida en helicóptero de De la Rúa durante la crisis argentina de 2001.
Italia debe iniciar ahora una nueva senda, dejar atrás estos años oscuros e iniciar una etapa de regeneración interna que incluya todos los campos (político, social, económico, ético,…). La política debe liberarse de la sombría estela dejada por este personaje, debe dejar atrás el descaro, las bromas, los mítines telenovelescos, la impunidad, las meteduras de pata, todo aquello que caracterizó el reinado de Berlusconi. Hay que iniciar una época en la que los políticos se dediquen a su trabajo, esto es, analizar los problemas del país e intentar solucionarlos desde sus posibilidades como políticos. Italia tiene que nombrar a personas competentes, capaces de liderar y representar a una nación tan importante y con un pasado tan brillante que tanto nos enseña sobre el futuro. Los italianos deben poder volver a creer en sus representantes.
Es hora de hacer una contabilización de daños y de restañar las profundas cicatrices dejadas en Italia. Que esto sirva de lección y que nunca más personajes como este puedan ganar elecciones o atreverse a ser políticos.